Domingo 11
Desayunamos en el hotel a las 09:00, la noche fue estupenda, después de varias noches de estar durmiendo en camas compartidas o con otras personas a las cuales no estas acostumbrado, o no conoces, una noche con una cama para ti sola, es fantástico. Después de una reparadora ducha encendí la tele y estaban pasando “babe el cerdito” simplemente me encanta, la he visto unas cinco veces (estoy enamorada de ese cerdito), es liviana y dulce, que mejor para cerrar un día de desventuras y viajes largos.
A las once ya comenzaron a juntarse los grupos en la plaza, muchos abrazos, conversaciones y sonrisas, la reunión estaba programada en el museo, por lo que nos fuimos caminando, el día esta hermoso, pase a una iglesia donde justo estaban en misa, a pesar de yo no ser católica me sobrecogió la mística, rece un poco y me siento más liviana. Acá todo tiene tanto color, si hay algo que me molesta en demasía, es la contaminación acústica ¡¡que terrible!!, todos los autos pasan compitiendo cuál tiene la radio más fuerte. Me fui al museo cargando los colores, ruidos, y olores en mis dedos cuando llegué ya habían comenzado, la reunión trató de las experiencias que tuvieron las poetas en los diferentes poblados, algunas estupendas, fantásticas, otras, menos afortunadas pero tampoco mal, conocieron los poblados y trataron de un modo u otro de difundir su poesía, la mayoría entrego como conclusión un viaje que supero todas las expectativas.
A las tres estábamos invitadas a la casa de la Sra. Cristina a almorzar, las 63, si, las 63, eso demuestra una vez más la calidez de la gente, su generosidad. El almuerzo, a toda prueba, unos exquisitos tallarines con dos salsas, una carne al horno que estaba para repetirse, el postre, camote dulce al horno y manzanas con semillas y crema. Simplemente un banquete, de sabor y entrega. ¡¡Gracias Sra. Cristina por su inmensa generosidad!!
Nos fuimos en taxi a la casa de nuestros anfitriones, estaba Alejandro y Leonel hijo, nos recibieron cariñosos, como son ellos, calidos, tibios de ojos y de tacto, queribles. Descansamos un rato, una ducha reparadora y a prepararnos para el recital.
El recital: Llegamos a la plaza, ya estaba Emilio con sus ayudantes instalando las sillas, (ese hombre es admirable) había un escenario que no tenía nada que envidiar al mejor teatro, con una pantalla gigante, y una energía que te movía, al cabo de un rato y estando ya todas las poetisas se dio comienzo al recital, primero con danzas folklóricas y representativas de Oaxaca, luego la niña prodigio, aquella que tiene voz de trino, fuerte, limpia, salió con sus trajes tipicos a darnos un show de calidad, entre canción y canción salían 7 poetas a entregar su obra, la que era escuchada con respetuoso silencio. Fue un recital de vivencias fuertes, de entrega, de alegría. Salí plena, en paz. Al termino me encontré con dos profesoras que ya las había conocido en el museo el primer día que llegamos a Huajapan, estaban contentas, disfrutando, las saludé con afecto nos intercambiamos los correos, les regale un libro y una de ella, se saca una pulsera de su brazo y me la regala, quedé anonadada, que cariño, que entrega, es una pulsera hermosa que guardaré siempre en el cajón de mis pequeños tesoros.





Me queda claro, Sirenita, que fuimos al mismo encuentro.
Qué dicha
Voy a poner un link a este diario de viaje desde mi pseudo blog
abrazos desde el norte de México
Jaja, si, claro que fuimos al mismo encuentro, ese que sembro vida en cada una de nosotras. También te linkearé a este. Besitos.