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Enjambre de tus sueños
En esta noche, Señor,
eres un pájaro deshecho
que sostiene caminos
donde acaban mis manos.
Un enjambre de huellas
entre estos atrevidos trazos
que te nombran.
Y en cada azorada hoja
medio de aire
entre este vesperal aliento tuyo
que es tu sombra.
¿Puedo acaso beber
tus pupilas de aire?
¿Puedo habitarte desde cada río
amaneciendo en pálpitos?
En esta noche
eres una doble transparencia
que yace indescifrable
desde mi aliento al tuyo, Señor.
Transparencias
¿Soy tan sólo una transparencia
que arde en este día,
o tan sólo soy
un reflejo del olvido de Dios,
cayendo sobre el mundo?
Él tiene la respuesta
en cada gota de arcilla
que vuela inaplazable
entre las direcciones del viento.
Él tiene la respuesta
en cada latido
de estas esmeraldas definitivas
que consumimos paso a paso.
Él tiene la respuesta
en cada giro
vesperal del silencio,
porque simplemente soy
una invasión de transparencias.
Miguel
La furia de Miguel se asoma a mis latidos,
combate en nombre de su nombre,
en nombre de mis manos,
de mi cuerpo y al crepúsculo.
Él galopa en mí
cantando las espadas del rocío,
atravesando espejos circulares
del tiempo entre sus sombras.
La furia de Miguel sólo es del viento,
como la llama impar de su sonrisa.
Él viaja en armaduras de silencio,
galope y cruz del viento.
Dedos que lo confirman en el sueño
para seguir creyéndolo.
Secretos de la noche
Yo no pretendo
ser tan sólo un secreto de la noche,
ser tan sólo un instante nocturno entre tus labios.
Porque quiero ser el poniente de tu cuerpo
como un ángel en la voluptuosa herida
de la infancia.
¡Qué bebida tan honda se vuelve
en mis entrañas de mar imperfecto
este secreto que me estremece,
como un espejo galopado por tu cuerpo!
Yo no pretendo
ser esta incógnita impaciente
que tú y yo desnudamos
en la opacidad de las manos,
como solamente un cómplice
votivo de todas tus muertes.
¡Cómo renazco entre tus bosques
de marfil secreto!
Casi como un umbral desnudo
que tan sólo nació
para lamer tus sombras.
.
Metempsicosis
“El secreto del mundo es que todas las cosas
subsisten y no mueren; tan sólo
se retiran y desaparecen de nuestras vidas
para regresar más tarde.”
Ralph Waldo Emerson
Si mi cuerpo tan sólo fuese aquel,
yo sería una bruma fundida
a tu inmediato océano.
Si mi cuerpo tan sólo fuese aquel,
yo sería el frío apresado
en cada espejismo de tu risa,
y en cada irremisible humedad
de nuestro asombro.
Cómo me regocijaban
tus silbidos de ola inagotada,
entre tanto juego
de mi sombra en tus espejos.
Irremediablemente estás
en la brisa secreta
que nos invoca el mundo,
y en aquellas lejanías de mar
en que una vez moriste sin morirte.




