Dejo acá poemas de una gran poeta, una gran mujer y con la cual fue un honor compartir parte del encuentro. Maria Elena Solórzano.
LA MUJER DE CRUDEN
Soy la mujer de Cruden.
Sentada junto a la leña que todavía no crepita,
enciendo el fuego con un rezo.
Tomo la harina y la mezclo con suspiros,
la amaso con arándanos y nueces.
Esa noche reparto pan entre los ciegos.
Ordeño la cabra y guardo la leche
para que fermente con la luna.
Cubro el sagrado fuego con la frescura de la noche.
Cruden me mira y me toma por esposa.
Dice: “Ha llegado la bienaventuranza,
mi mujer es una gacela,
corre más que todos los venados”.
Daré a luz y no quiero que me miren,
pero me obligan a correr con los caballos,
con los animales de ojos enlutados
y crines de plata.
Los miro en mis noches de insomnio,
froto mi cara en su pelambre
y beso sus cálidos belfos.
Ganaré la carrera,
llegaré con el viento del Norte a mis espaldas.
Al final del trayecto daré a luz a los gemelos,
quedaré con las pupilas nubladas de gardenias
y las manos pletóricas de cantos.
El rey vio el derrame del parto,
todos sintieron el desmadejamiento
y quedaron débiles,
como una novia enferma de nostalgia.
.
FIMN Y LA CIERVA
Corre la cierva entre los trazos de la grama,
los perros van tras ese pelambre que refulge,
rabiosos mastines la olfatean,
estremecida ante el acoso se detiene.
Fimn la vida le perdona,
ella lo sigue mansamente,
con el espejo del sudor sobre sus carnes.
Se recuesta sobre sus pies de lirio y azucena.
En sus pupilas todos los turbiones.
Acurrucada entre las guedejas del cordero,
con la piel sembrada de temblores,
una bella mujer lo aguarda
con los senos como dos caracolas de espuma
y en los ojos todas las violetas del destino.
Tierna como la melodía que entona la calandria
durante la canícula acitronada del verano.
Dócil como una torcaz de quebradas alas.
“Soy Saba, tu mujer, estoy aquí
para guardar tu semilla y ofrendarte mis granadas,
para que rieles mi piel y bebas en el cuenco de mi mano”.
Él partió a buscar los damascos más preciados,
a derribar los muros de la sangre.
Cruzó los páramos donde viven los leprosos
y fue a buscar el diamante oculto en el romero.
La volvieron a tocar con una rama de avellano.
Cuando regresó,
Saba era otra vez la cierva,
la que comía en el pesebre
y cohabitaba con las bestias.
Ella huyó y se refugió entre los helechos
con su locura de pájaro extraviado,
con su piel desgarrada,
con el corazón cubierto de calina.
Fimn buscó a Saba durante siete años,
siete años en húmedas cañadas,
siete años con la muerte en el carcaj,
siete años con la lengua llena de salitre
y las manos vacías de mar.
Al pie del árbol que perfuma perdices y trasuda miel
encontró a un niño sin vestido ni sandalias,
con el pelo alborotado pero lleno de estrellas.
En sus pupilas se habían arracimado todas las violetas
y en su piel medraba el alba.
“Yo no conozco padre o madre,
sólo sé que fui amamantado por una cierva
con los ojos claros como un descubrimiento
y el aliento tibio como la leche que mana de las diosas.
Ella me cuidó entre las setas rojas del bosque
y me calentó con su vaho durante el invierno”
.
DREIDE Y NAISI
Deidre escapó con Naisi
hasta la tierra de todas las congojas.
Hasta ella tres pájaros llegaron
con las plumas teñidas con vetas de agua,
con tres gotas de miel entre los picos,
con un aleteo que parecía un rumor de soles,
con un temblor de venado en agonía.
Los ojos engañan,
los ojos miran girasoles,
los ojos se deslumbran con las sirenas
y los oídos se abren a las notas
de su canto colmado de amarillos.
Otra vez corre la sangre,
esa noche decapitan a sus hijos
y ella se convierte en la más humilde de las hierbas,
trastoca en ceniza, verde brizna,
amarga pócima de ortigas.
Vuelve a ser mujer,
obligada por oxidados crucifijos,
por leyes como gorriones ciegos.
Vive con el asesino de sus hijos,
entre los torbellinos de su mente,
en una cueva llena de tarántulas.
Con las uñas macera la carne de sus pechos,
bebe ponzoña de alacranes,
de alimañas venenosas se alimenta
para que la semilla no germine
en su vientre que antes fue latido.
Hace tiempo Naisi duerme
entre las larvas obcecadas.
Ella muere en su tumba,
le ofrenda la amapola de su carne.
Florecen en dos álamos de nácar
junto a la breva que cercena los contornos.
FICHA
María Elena Solórzano (solmalena@hotmail.com). Nace el 9 de abril de 1941 en la Cd. de Delicias Chihuahua. Poeta y Cronista. Promotora cultural honoraria en la delegación Azcapotzalco, desde 1980 hasta la fecha. Miembro de la Asociación de Cronistas del D.F. y zonas conurbadas. Miembro del Consejo de la Crónica de Azcapotzalco.
Socia fundadora de la revista “La pluma del ganso” desde 1996.
Como poeta ha recibido premios nacionales e internacionales. El más reciente: Premio Nacional de Poesía TINTANUEVA 2007, México.
Ha asistido a múltiples encuentros de escritores nacionales e internacionales.
Tiene publicados 18 libros de poesía, los más recientes: Los secretos del enebro, Tintanueva, México 2007, Fridamariposa, Tintanueva, México 2007. Ha participado en publicaciones colectivas y antologías nacionales e internacionales.





Coincido contigo, Paty: Gran poeta, y Gran MUJER, María Elena…
Querida Patricia:
Apenas leo tu comentario, muchas gracias, me siento emocionada y además publicas los poemas. No tengo palabras, pero te diré que el publicar a otra compañera habla de un corazón enorme y de un gran sentido de solidaridad.
Un abrazo.
María Elena Solórzano.
Patricia con María Elena Solorzano.
Me identifico, provengo del monte, soy terrestre, no olvido que mis pies antes que subir al cielo, se sostienen en el profundo corazón del mundo.
Por eso me identifico, sus poemas huelen a bosque y a crepitar de estrellas, a serenidad con la naturaleza.
Uno puede despertar con su lenguaje a la crónica de un día de campo y aún llegar a las tumbas que florecen sin tanta tragedia.
Hola:
Hace unos días cabo de conocer a María Elena Solórzano, narrando una de las leyendas de Azcapotzalco, que los cronistas de esta Delegación recopilaron.
Es una persona encantadora y en ese momento comentó que también escribía poesía. Ahora conozco un poco de su poesía gracias a ti. Muchas gracias por ponerla en este portal.
saludos desde la Delegación Azcapotzalco
Aida, Maria Elena es una gran escritora, gran poeta y por sobre todo gran mujer. Tuve el honor de conocerla y compartir días con ella y sólo me traje los mejores recuerdos. Espero puedas seguin ahondándola.
Un abrazo,
Patricia